Estamos hechos de lo que nos rodea. Si miramos a nuestro alrededor con detenimiento, siempre encontramos algo de lo que no podemos desprendernos por muy inútil que sea. Una cajita de 'postits' que nunca usas, un cubo de 'Rubick' al que ya no le quedan colores debido al desgaste, un espejo roto aunque con un marco precioso, o la colección de mecheros sin gas. Soy una experta en guardar montones de cosas inútiles. O al menos eso pensaba.
Sorprendiéndome incluso a mí misma, he logrado deshacerme de unos altavoces estropeados, recortes de revistas que me recuerdan mi infancia y pre adolescencia, e incluso algún que otro peluche amado aunque ya desaparecido en un cajón. Así, he logrado reducir mis pertenencias a un par de cajas de cartón. Libros, DVDs y un par de catálogos del Festival de Cine de Sitges en una, y un montón de cosas, la mayoría inservibles, en otra.
Hay que decidir cuándo es el momento de soltar montones y montones de mierda que nunca te han servido y que nunca te servirán. Pensándolo bien, es como una relación que ya terminó. Estuvo bien mientras duró, pero se acabó. Y para que no haya vuelta atrás, lo metes todo en bolsas enormes de basura y lo sacas a la calle. Es una lástima no poder hacer lo mismo con los ex novios, ex rollos o ex algo. Así tendrías la certeza de no poder encontrártelos por la calle o olvidados en un cajón lleno de polvo.
Eso sí, me niego a deshacerme de mi primera cámara de fotos analógica, de mi cinta de cassette con Emilio Aragón en la cara A y Juan Luís Guerra en la B. Me niego a renunciar a una bolsa de plástico de VIPS, a un peón robado de la biblioteca del colegio, o a un cinturón de ‘Bom Bom Chip'. Estoy casada con los recuerdos.
Resulta gracioso entrar en "La Coctelera" el día del orgullo gay y encontrarse con semejante comentario:
CUANDO VAS A ADMITIR O DECIR CLARAMENTE QUE ERES LESBIANA O BISEXUAL?? SE NOTA A LA VISTA...
Me parece hasta patético que en la sociedad en la que vivimos todavia haya que poner etiquetas a la gente, así que porsupuesto, no voy a ponerme una para responder a la pregunta absurda de mi amigo "el lector".
Hace un tiempo, no le voy a poner etiquetas al tiempo tampoco, un par de amigas, desconocidas entre ellas, de distinta edad y de pensamientos variados, me confesaron casi al mismo tiempo que su orientación sexual no era como la de la mayoría.
Mi amiga a la que llamaremos, por primera vez y sin que sirva de precedente, A, es más joven que yo (y diré "joven" porque así parece que soy super mayor) por lo que su confesión hacia mi fue más una persecución de ayuda, comprensión y consejos que otra cosa. Tenia bastante claro lo que queria, lo que pensaba, y sobretodo, lo que sentía.
Lo de mi amiga B, a la que por supuesto, también es la primera vez que la nombro "B", fue más un acto de liberación. Creo que simplemente me lo contó para que conociera dicha información. Pero le pareció que a mi reacción le faltaba algo de sorpresa y exclamación, por lo que incluso llegó a pensar que me importaba un carajo lo que ella fuera.
La verdad es que B no va por mal camino. Solo que la cuestión no reside en que me importe un pimiento y medio la persona en cuestión. Me importa un pimiento y medio la orientación sexual de cada cual. Si a C o a D les gusta la nata, no voy a escandalizarme porque a mi me guste más la vainilla. Y tampoco voy a escandalizarme porque E sea rubia de bote. Porque ya era rubia de bote cuando la conocí aunque ninguna de las dos se hubiera parado a pensar en el detalle.
En definitiva, no entiendo el comentario de "Miotroyo" porque si pretendía insultarme... no lo ha conseguido, y si pretendía que realmente confesara mi orientación sexual, tampoco. Dedícate a otra cosa, "amigo".
Desde "CINCO... Y ¡ACCIÓN!" yo brindo por la diferencia, que es lo que nos hace especiales.
Soy adicta a demasiadas cosas. En su mayoría, cosas sanas. Pero una adicción es una adicción, se mire por donde se mire.
No soy adicta al alochol (algunos graciosos mentirán exagerando lo poco que bebo), no soy adicta al tabaco aunque fume. No soy adicta a las drogas, no soy adicta a las operaciones de estetica ni a los tatuajes, porque aunque no he hecho ninguna de estas tres últimas, se de antemano que no me haría adicta.
Soy adicta a cosas tontas.
Si encuentro una canción que me guste, puedo escucharla una y otra vez durante horas, dias e incluso semanas. Hace dos semanas encontré una canción que hacia años que no escuchaba. Pero puedo recordar que a mi mente inocente e infantil de unos diez años, le encantaba ("I don't feel like dancing" de Scissor Sisters). Otra ("Still" de Macy Gray) la escuché por las mismas fechas, aunque por primera vez, en la web de Olivia Molina, a la que de momento no soy adicta. Un concierto próximo hace que no deje de escuchar a Russian Red y su "They don't believe". Y una serie me ha descubierto el "Cry Baby" de Dukes of Deville, el "Say Hello" de Rosie Thomas o "All we are" de Matt Nathanson.
Scissor Sisters - I don't feel like dancing
Macy Gray - Still
Russian Red - They don't believe
Dukes of DaVille - Cry Baby
Rosie Thomas - Say hello
Matt Nathanson - All we are
Esa es otra, las series. Hace un par de años veia demasiada televisión. Actualmente, mi retina solo refleja los documentales de BIO (Biography Channel). He podido ver biografias interesantes como la de Elvis Presley, Quentin Tarantino, Madonna, Angelina Jolie o Frank Sinatra. Pero también me he tragado las de Bridney Spears o Paris Hilton. Sí, soy adicta a BIO y últimamente es para lo único que enciendo la TV. Dado el odio existente entre el aparato (o más bien la programación) y yo, veo series en mi ordenador. Sí, soy adicta a las series. He visto "Periodistas" de principio a fin, "Los serrano", "Padre de Familia", "Los Simpsons" y más recientemente "Anatomía de Grey" y su spin off, "Private Practice".
No sé si veo las series por los actores, o me gustan los actores por las series. Pero el caso es que por ejemplo, he visto todos los videos de YouTube de Kate Walsh habidos y por haber. He visto "tropecientasmil" fotos y leido otros tantos articulos. Y no sé si es por Private Practice, o me gusta Private Practice por Walsh. Lo mismo me sucede con Belén Rueda o Meryl Streep o Jack Nicholson y sus gafas de sol o Javier Bardem.
Soy adicta a la vainilla, a la lluvia, a mis Converse y a la pereza.
En definitiva, sé que soy adicta a demasiadas cosas absurdas. Pero me gusta.
Una enciende el i-Pod, el MP3, el ordenador, se pone unos cascos para que los vecinos no protesten, sube el volumen hasta los topes, y aunque sepa que está al máximo, sigue insistiendo para ver si el aparato da su brazo a torcer y ofrece, por primera vez desde su creación, un plus de sonido.
Luego, selecciona la canción que más le motive en ese momento, hace hueco en el suelo apartando la silla y las zapatillas, apaga la luz, y baila la canción. La baila como si fuera a terminarse el mundo al llegar al último segundo de la reproducción. Mueve el culo. Salta. Sube los hombros al ritmo de la música. Agita la cabeza para que el pelo se alborote, levanta los brazos para tocar el cielo en cada salto, y lo más importante, hace mímica pero como si chillara para un estadio.
Si después de esto, sus ojos diluvian sobre unas mejillas acaloradas, una sabe que está vacía por dentro, y solo queda la realidad. La realidad y nada más, y con ello se empieza de nuevo.
A veces una espera algo más de un amigo. Yo espero algo más.
No soy una persona necesitada de afecto, no preciso la atención continua de otros. De hecho, tiendo a la soledad y a la independencia. Depender de una persona día sí, día también, puede resultarme molesto hasta rozar el agobio. Independencia, soledad, egoísmo, falta de empatía. Llámenlo como quieran, pero es así. En consecuencia, puedo contar a mis amigos con los dedos de una mano, como la mayoría, y a los "amiguetes" con sólo veinte dedos, y me sobran.
Así que en conclusión, tengo amigos y "amiguetes", que para ser más concreta, sólo entran en ambos grupos, todas aquellas personas a las que puedas encontrar en tu agenda de teléfonos dentro de dos años, que sepan tu nombre y tú sepas el suyo.
Desde luego, tener un grupo reducido de personas "afines" conlleva que los amigos sean algo realmente importante. Una espera un sentimiento recíproco que a veces no sucede, y resulta prácticamente imposible dejar de querer a alguien por el simple hecho de no ser correspondido, y eso duele. Pruébenlo.
Recién llegada del Festival de Cine de Málaga, puedo afirmar y afirmo, que no es lo que esperaba.
Cierto es, que los profesionales del sector aseguran que Málaga es el mejor sitio para promocionarse y darse a conocer. Pero para aquellos que amamos el cine, el cine y nada más, resulta un escenario complicado por el que moverse, compartir y aprender.
Entre otras razones, el gran despliegue de personal resulta de poca utilidad si no informan y ayudan al visitante/espectador a familiarizarse con el entorno. No es comprensible que una semana antes del inicio del festival, pidas una acreditación para asistir a una "master class" de Ángeles González-Sinde y que el día antes, casi por casualidad, te anuncien la suspensión de dicho acto, al pretender recoger tu invitación, alegando que "cuando se programó el festival, todavía no se conocía el nombramiento de la nueva ministra de cultura".
Como tampoco es comprensible, que una semana antes remuevas cielo y tierra para informarte sobre cómo conseguir invitaciones para el pase de "Dieta Mediterránea" de J. Oristrell, te mareen cual peonza en acción y no llegues a una respuesta clara y contundente después de un sinfín de llamadas telefónicas.
Pero lo que más me ha sorprendido del Festival de Málaga, es la poca cultura cinematográfica que se respira en el ambiente. Hasta un punto, entendí el acoso adolescente a Ana Milán cuando salió del hotel en el que se hospedan los invitados, igual que entendí el acoso que sufrió Amaya Salamanca a su llegada al mismo. Hasta un punto puedo entender los gritos de la alfombra roja dirigiéndose a Neus Sanz como "Rita", o los de "tío bueno" a un gran Juan Diego. Pero desde luego, todavía no me entra en la cabeza, por qué motivo dos quinceañeras malagueñas se acercan a mi y señalando a Pilar Bardem, que en ese instante descendía de uno de los coches oficiales del festival, me preguntaran si era "la de Aquí no hay quien viva". No puedo entender que llamen a José Luís García-Pérez, "Antonio", como tampoco puedo entender que se desprecie a una persona "no famosa" con las palabras mágicas: "¿Tú quien eres? ¿Tú no eres nadie?".
Visto lo visto, una entiende lo absurdo de acercarse a Álex de la Iglesia, Pilar Bardem, Paz Vega, Natalie Poza o Ana Milán para mostrar tus respetos y admiración por sus trabajos, ya que antes de ti, decenas de personas lo han hecho sin saber siquiera sus nombres. Resulta hasta vergonzosa la idea de que puedan relacionarte con el grupo de gente que vitorea a todo aquél que tenga un mínimo aspecto popular.
Aún así, Málaga no deja de ser el escaparate mágico del Cine Español, y te lo demuestran decorándola hasta el más mínimo detalle con alfombras rojas y verdes por las calles principales, carteles y carteles de películas estrenadas y por estrenar, de gigantes máquinas de escribir que parecen haber escrito trozos de guiones que permanecen repartidos en el suelo de la calle principal.
Me llamo Gemma y tengo 19 años. Sobrevivo en la ciudad condal (Barcelona), cuando me gustaría vivir en la capital (Madrid). De modo que ando en una continua lucha con aquellos que se hacen llamar "catalanistas" y que para mi desgracia, abundan a mi alrededor. Me gusta el cine por encima de todo, pero también el teatro y la buena música. Leo el periodico empezando por el final, después de haber hechado una ojeada previa a la portada. Y es que por lo general, es preferible empezar el día con un poco de cultura que con muertes. Culta, de humor cambiante y sensibilidad elevada, soy aparentemente feliz. Más que una perdiz.